miércoles, 5 de marzo de 2008

Into the wild :: Hacia rutas salvajes

Profundo, místico, filosófico, salvaje. El nuevo film de Sean Penn es un viaje laberíntico hacia lo más recóndito de la persona. Un recorrido a través del cual Chris MacCandless, un joven pudiente, atormentado por la conflictividad familiar y por un profundo inconformismo con el sistema se deshace de los bienes terrenales y del vínculo paterno. Se desnuda de todo lo superficial deshaciéndose, incluso, del proprio nombre, de la propia identidad. Abandonarlo todo a lo largo del camino para alcanzar el núcleo, el alma, dejando al descubierto tan solo piel y huesos en estrecho contacto con la naturaleza... es éste el objetivo de un joven en busca de sí mismo y, al mismo tiempo, en fuga del otro freudiano, del unheimlich. Su excursus se convierte en un recorrido acelerado de su vida. Infancia, adolescencia, edad adulta y sapiencia: Chris (Emile Hirsch), quema todas las etapas en tres años. “Dadme la verdad en vez del amor, el dinero o la fama”, grita citando a Thoreau. Sus ansias de aprendizaje y su velocidad de comprensión se contraponen a las imágenes estáticas y a las panorámicas místicas de la naturaleza, punto de referencia que el protagonista contempla mientras se sumerge en sus propios pensamientos. El paisaje adquiere una entidad propia, convirtiéndose en un personaje en sí mismo. Naturaleza salvaje, con leyes inviolables, naturaleza despiadada. En su ser selvático radica su belleza, su pureza, en neta contraposición a la jungla urbana, caótica y decadente, que aísla, enajena, aliena. Este lobo estepario contemporáneo, atormentado por sus propios impulsos, por la tensión extrema de sus opiniones, instintivo y contenido al mismo tiempo, terminará por darse cuenta, gracias al encuentro con los otros, que hay que llamar a las cosas por su nombre. Reencontrar la propia identidad representa, además de una forma dee xpiación, el alcance de la verdad última: la felicidad no es tal si no es compartida.

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